donde se siembra el amor, se cosecha la transformación

Celebrar la Vida es un espacio que rebalsa optimismo, que estalla de vida, que se sustenta en la pureza del amor humano.

Porque las malas noticias sobre la infancia en la cultura de la desigualdad las conocemos todos. En diversos grados de profundidad estamos “al tanto” de la pobreza, la desnutrición, el abandono… medios masivos de comunicación mediante.

Pero estar masivamente enterados no es estar personalmente empapados del tema, entrar en conocimiento no es entrar en compromiso y anclar en el problema no es arribar a la solución del mismo.

Para que la información masiva no nos paralice, el mejor antídoto es la transformación activa.  Celebrar la Vida es nuestro espacio para sembrar semillas de transformación, específicamente en relación a la infancia en sus múltiples dimensiones: nutrición, crianza, educación, equidad, género.

¡Realizá tus aportes de soluciones al granero de Celebrar la Vida, escribí tus comentarios o contactanos!

Proyecto Celebrar la Vida

© Lic. Fernanda Raiti.

En síntesis el proyecto ofrece de manera gratuita el acompañamiento a madres en situación de pobreza para que puedan celebrar los cumpleaños de sus hijos.  El único requisito para participar es que las  madres tengan la motivación de festejar el cumpleaños de sus hijos asistiendo a los 3 módulos que propone el proyecto.

La visión que permitió gestar este proyecto es como una fotografía: en el centro de la escena se encuentra un niño, una niña, de una condición social humilde, soplando las velitas de la torta de su cumpleaños, con la sonrisa más grande que uno se pueda imaginar. Su madre, su familia, sus cuidadores primarios a su lado, sostienen la mano sobre su hombro diciéndole en el silencioso lenguaje de los gestos: estoy aprendiendo a cuidarme y a nutrirme para poder cuidarte y nutrirte cada día mejor.

La misión de Celebrar la Vida es que todos los niños y niñas puedan celebrar sus cumpleaños más allá de su situación social. Pero también es su misión la de enriquecer las posibilidades sociales y vinculares de sus madres favoreciendo tres aspectos esenciales: fortalecer el registro de sí y su autoestima, ampliar sus posibilidades laborales y enriquecer sus recursos maternantes en relación a los aspectos del vínculo, la estimulación y la alimentación.

La metodología para la implementación del proyecto consiste en generar espacios de talleres donde las madres son convocadas para organizar y festejar el cumpleaños de sus hijos. No se trata de una propuesta “asistencialista” sino que se centra en el protagonismo de las madres y en su participación activa. Es un requisito que las madres tengan este deseo primario de la celebración y que asistan a todos los talleres para poder completar el recorrido que las llevará en lo evidente al festejo del cumpleaños de sus hijos y en lo profundo al encuentro consigo mismas y con sus potenciales como madre y mujer. A esto le llamamos objetivos en espejo. Al lograrse el primero (objetivo tangible y evidente), se logra el reflejo del segundo (objetivo intangible y profundo), como cuando un objeto es colocado frente a un espejo.

La puesta en práctica consiste en el desarrollo de 3 módulos para las madres con objetivos espejo:

 

Módulos

 

Objetivos en Espejo para el proyecto Celebrar la Vida

 

Para el cumpleaños

(Evidente/Momentáneo)

 

Para la vida

(Sutil/Profundo)

La comida La comida para ofrecer en el cumpleaños 

Preparación de la comida para la fiesta. El valor de lo casero (la vitamina A). Combinación de alimentos para cubrir los requerimientos alimenticios del niño. Repostería.

Bebidas económicas, divertidas y nutritivas (prevención de alcoholismo, importancia de incorporar agua y bebidas naturales y de frutas).

La torta y su valor ritual.

La Nutrición que cubre los requerimientos alimenticios de un niño 

Enseñar a las madres a cocinar y alimentar mejor a sus hijos manejando bien su presupuesto y la combinación de alimentos para completar la proteína necesaria para el sano desarrollo de los niños.

Favorecer el fortalecimiento de hábitos alimenticios adecuados dándoles valor ritual.

Ganar habilidad en la repostería y cocina como posible salida laboral.

La decoración La decoración para ambientar el cumpleaños 

Preparación de las invitaciones, dibujos, guirnaldas, souvenirs, decoración de espacios, preparación de materiales para la animación de los juegos.

La seguridad de los niños en espacios de juego y de fiesta.

El Estímulo 

Que las madres aprendan a generar espacios seguros y adecuados donde sus hijos puedan explorar y desarrollarse de manera cotidiana. Que las madres comprendan e incorporen la importancia de brindar momentos, elementos y espacios de juego adecuados a la edad y las necesidades evolutivas de sus hijos para favorecer su pleno desarrollo neuronal, su emocionalidad, su predisposición al aprendizaje y sus habilidades sociales.

Los juegos Los juegos para animar el cumpleaños 

La secuencia de juegos: de rompehielo y entrar en calor, de intercambio, de cierre.

Los juegos y las edades. El juego creativo. El juego en grupo. El juego cooperativo. Dar de jugar. Dejar jugar. Los recursos: hacer mucho con poco.

El Vínculo 

Propiciar una mirada apreciativa sobre la historia de ellas como madres y la historia de sus hijos. Favorecer que cada una de las participantes pueda comprender la importancia, el valor y lo placentero del vínculo entre madres e hijos. Favorecer la manifestación de los valores humanos naturales en todos las personas mediante un espacio de crecimiento en un grupo de pertenencia.

Al ganar nuevas habilidades maternantes y laborales consolidarán también una mirada más valorativa de sí mismas, aspecto fundamental para abordar la crianza y sus demandas de manera más satisfactoria para sí mismas y sus hijos.

La coordinación de estos módulos es realizada por un equipo de voluntarias profesionales de la educación, la estimulación temprana, la nutrición y la psicología.

La autora y responsable del proyecto es la licenciada Fernanda Raiti. Educadora, Comunicadora Social y Escritora, Raiti ha creado la empresa Pedí3Deseos que brinda el servicio de animación y planificación de fiestas y cumpleaños infantiles basados en los valores humanos, la recuperación del sentido profundo de las fiestas y la creatividad. Desde su nacimiento, Pedí3Deseos dona el 30% de todas sus ganancias a asociaciones de la sociedad civil que luchan contra la desnutrición infantil y sostiene este proyecto solidario participativo que nació por el enorme deseo de poner las capacidades profesionales al servicio de los niños en situación de pobreza y de sus madres. Mujeres que se encuentran ante el enorme desafío de criar niños siendo ellas mismas muchas veces aún niñas. Celebrar la Vida es el proyecto que crea las condiciones para catalizar este deseo solidario y hacerlo realidad.

El desarrollo del proyecto, los conceptos teóricos y la metodología propuesta están basados en mi experiencia profesional como Comunicadora Social y Educadora abocada al ámbito de la Investigación y los Valores Humanos. Tienen derecho de copyright pero mi enorme alegría sería que todos aquellos que lo deseen “copien” estas ideas y las repliquen hasta que, como soño el maravilloso Pablo Neruda en su Oda a la cuchara, todos vivamos…

“en un mundo
sin hambre
iluminando todos los rincones,
todos los platos puestos en la mesa,
felices flores,
un vapor oceánico de sopa
y un total movimiento de cucharas.”

El Cazo de Lorenzo

Comparto este valioso material que nos aporta una mirada profunda y simple a la vez acerca de las distintas capacidades de los niños y de la oportunidad del educador o profesional de la salud de convertirse en un ser excepcional. ¡Que lo disfruten!

Comparto el siguiente artículo que creo de suma relevancia para todos aquellos que trabajan con bebés y niños en la primera infancia, así como con madres y padres con niños pequeños. El material está copiado del sitio http://www.aipl.org/

IMPORTANCIA DEL MOVIMIENTO E N EL DESARROLLO DE LA PERSONA
Iniciativa – Competencia
Dra. Emmi PIKLER
Pédiatra
1979

Si le fuera acordada la atención necesaria a la competencia del niño, podría producirse tal cambio en la educación de niños pequeños, que tal vez podría evitarse o por lo menos atenuarse la aparición de algunas alteraciones psíquicas y somáticas. En el curso de estos últimos decenios los investigadores de la primera infancia han hecho muchos descubrimientos importantes y a menudo inesperados. Sin embargo, la práctica los tiene muy poco en cuenta. Tal vez porque algunos resultados cuestionan las antiguas tradiciones y no son adoptados por todo el mundo. La práctica y la teoría no progresan juntas todavía.

Desde el comienzo de los años sesenta, han aparecido muchas publicaciones sobre la importancia para el desarrollo psíquico del rol del movimiento iniciado y ejecutado por el niño mismo y de las señales que recibe como retorno, en feed-back, referentes a los cambios que sobrevienen durante la ejecución de esos movimientos. Las funciones esenciales comprometidas son los aprendizajes, el reconocimiento del mundo que lo rodea, la formación del esquema corporal, el control de la voluntad (Held y colaboradores 5, 6, 7, 8, 9).

Desde 1959, R.W. White ha llamado la atención sobre el hecho de que no solamente el movimiento activo, iniciado por la persona, puede ser considerado como una de las necesidades fundamentales del hombre, sino también el efecto ligado al acto, la sensación de provocar un cambio a través del movimiento, la eficacia, el sentimiento de competencia. Por otro lado la aparición de estas necesidades es observable a partir del nacimiento.

En los años setenta un creciente número de investigadores comprobó que desde el punto de vista del desarrollo futuro de la personalidad la precocidad de la experiencia de competencia –o su ausencia– es particularmente importante. La confianza que puede tener un niño en sus propias capacidades, en su propia eficacia, debilitada o reforzada por las experiencias cotidianas, tendrá una repercusión importante sobre su manera de actuar así como sobre su comportamiento ulterior, sobre los objetivos que él se propondrá; en una palabra, influirá en toda la estructura de su personalidad futura.

Según R.W. White (13) “El término de competencia significa la aptitud de un organismo para entrar en interacción efectiva con su medio ambiente”.

Connoly y Bruner (3), en 1974, definieron la competencia de la manera siguiente: “Hablando de competencia, hablamos de inteligencia en el sentido más amplio, de inteligencia operatoria, de ‘saber cómo’ y no sólo ‘saber qué’”. La competencia es tanto una acción, una transformación del medio como la adaptación a este mismo medio. En cierto sentido parece que la competencia comprende al menos tres conceptos. En primer lugar, la aptitud para elegir, en todo medio ambiente, las particularidades que ofrecen las informaciones importantes necesarias para la elaboración de una cadena de acciones. En segundo lugar, después de la planificación de la cadena de acción, la tarea es comenzar la serie de movimientos o de actividades para realizar la finalidad que se ha propuesto. Y, al fin, es preciso utilizar, en la elaboración de nuevos planes, todo lo aprendido de éxitos y fracasos. “Es evidente que los tres aspectos del problema están en relación con el desarrollo, pero el último es el fundamental.”

Cito de la introducción de ese mismo capítulo: “La competencia tiene numerosas particularidades. Nuestro objetivo no es sólo examinar la naturaleza de la competencia sino también estudiar cómo se puede desarrollar la competencia en los jóvenes. Tenemos todavía mucho por hacer”.

Continuando mi exposición, quiero hablar de algunos aspectos de este último problema: cómo se estructura la competencia ya en los niños muy pequeños. Precisamente quisiera atraer la atención sobre algunas consideraciones de orden práctico, a primera vista de poca importancia, pero que, de hecho, son determinantes. Para el “sentido común”, y también para una gran parte de la literatura médica, el recién nacido es un ser pasivo e impotente; él no puede expresar si se siente bien; si algo le molesta, llora; si el recién nacido llora hay que calmarlo, si tiene hambre hay que darle de mamar. Se lo mece, se lo acaricia, se lo abraza ya que a él le gusta el contacto corporal. En lo que concierne a su desarrollo “la enseñanza” del recién nacido se ha vuelto cada vez más intensiva en estos últimos años: se dice que es necesario estimularlo, que es necesario enseñarle la mayor cantidad de cosas posibles en el menor lapso; apenas no se considera necesario programarlo como a una computadora… Se espera del recién nacido que se quede en una posición en la que se lo pone regularmente; que imite actos simples que se le muestran, que retenga palabras, etc. No se lo nutre sólo de palabras sino también de conocimientos. En general, son los adultos quienes deciden lo que debe saber en cierto momento el lactante; qué debe hacer y cómo. Se le enseña todo; se le hace hacer ayudándolo más o menos. Hay inclusive algunas tendencias que prescriben a las madres enseñarle a su bebé un programa determinado, riguroso, metódico… Durante este tiempo, los adultos están cada vez menos atentos a las iniciativas, a las señales del lactante. Estas señales e iniciativas se vuelven así cada vez más raras. El niño se habitúa a la imitación, a la repetición en casi todos los terrenos de la vida. Tal manera de actuar vuelve al niño absolutamente dependiente y pasivo. Ahora bien, se considera generalmente que esa dependencia y pasividad se corresponden a una disposición natural y no a una consecuencia… Sin embargo, esta actitud es una contradicción con los descubrimientos recientes sobre la vida psíquica de la protoinfancia.

En el curso de las últimas décadas, en efecto, hemos aprendido mucho sobre el recién nacido y el lactante. Aparecen informes, unos detrás de otros, sobre las aptitudes, las disposiciones del recién nacido que refutan las creencias de siglos anteriores. Así, por ejemplo, a través de una observación continuada durante 18 horas, Wolff (14) ha mostrado que desde el primer día de vida el bebé es capaz de seguir la luz que le interesa, de dar vuelta la cabeza y los ojos en su dirección, aunque sea algunos instantes. Las experiencias de Bower(2) han probado que si se sostiene al recién nacido de cierta manera, él tiende las manos hacia un objeto brillante a pocos días de su nacimiento. Además, si el objeto que ve no es un objeto real, sino solamente su imagen proyectada en el aire, el lactante llora cuando su mano no encuentra nada en el lugar de la imagen. Por el contrario, si hay un objeto real delante de sus ojos, que puede tocar, no llora. Las experiencias han comprobado que inclusive puede percibir las formas y desde los primeros días se dirige de manera significativa hacia el objeto preferido (Fantz). El recién nacido de algunos días puede distinguir el tamaño de los objetos inclusive si la imagen proyectada sobre la retina es invariable (Bower, 1). Se ha demostrado también que a la semana de vida es capaz de distinguir señales sonoras diferentes (Papousek, 10).

Así comprobamos a partir de estas experiencias y tantas otras, que el hombre nace con aptitudes que, se pensaba hasta ahora, aparecían más tarde, en el curso del desarrollo del niño. Sin embargo, se plantean algunas cuestiones. ¿Cuál es el papel de las aptitudes recién descubiertas en la vida cotidiana del niño? ¿Cómo las utiliza él? ¿Cómo se desarrollan estas aptitudes, cuándo se diferencian y se integran? ¿Cómo se adaptan éstas al proceso de desarrollo, a la formación de la personalidad del niño? Las investigaciones mencionadas no dan respuesta a estas preguntas.

Uno se podría preguntar también si habría otras aptitudes en potencia en el niño más pequeño cuya aparición pudiera ser más tardía (ligadas a la maduración del sistema nervioso por ejemplo). Aptitudes que podrían escapársenos por no haber estado suficientemente atentos o por la falta de condiciones favorables para su evolución; aptitudes ligadas a su competencia en particular.

Conocemos numerosos métodos de examen para identificar los estadios principales del desarrollo. En general, estos métodos consisten en registrar los comportamientos de los lactantes en edades precisas, en situaciones de examen idénticas o similares. A menudo el fenómeno que se quiere observar a través de estos exámenes no es un comportamiento autónomo ni espontáneo sino la respuesta a la acción o a las palabras del adulto. Esto es particularmente notorio en el examen del desarrollo de los movimientos y de las posturas sobre todo en los seis primeros meses. En efecto no se busca saber qué es capaz de hacer el niño por sí mismo, qué hace él mismo en su vida de todos los días, sino por ejemplo, cómo evoluciona con el tiempo la curvatura de su columna vertebral o cómo mantiene su cabeza cuando el adulto lo coloca en la posición sentada, etc. En tanto no disponemos más que de estos métodos tradicionales de examen, numerosas acciones y formas de movimiento que aparecen en la vida cotidiana del niño pequeño y que juegan un rol importante en la misma, escapan a la atención de los examinadores.

Por otra parte, tampoco obtenemos informaciones sobre la capacidad del lactante para establecer una relación activa con el adulto, ni sobre su capacidad de tomar iniciativas y realizar una acción proyectada. Con mayor razón no sabremos cómo es necesario variar la manera de ocuparse del niño, o cómo debe ser su medio ambiente material para que él pueda tomar esas iniciativas y realizar sus proyectos.

En efecto, si queremos saber en qué medida el recién nacido o el niño pequeño es capaz de interacciones eficaces con su medio no sólo es necesario cambiar nuestros métodos de examen sino nuestro comportamiento frente a él para crear un medio tal en el que pueda desplegar esas aptitudes. Esto es justamente lo que creemos haber realizado en el Instituto Lóczy, que, desde ese punto de vista, está en una situación privilegiada.Desde su fundación en 1946, el Instituto asegura a los niños condiciones de cuidados y de educación diferentes, en ciertos aspectos, a las condiciones habituales. Algunas fueron experimentadas durante mucho tiempo en familias. Así pudimos salvaguardar un proceso de desarrollo, en el cual los niños pequeños pueden, casi desde sus primeros días, tomar la iniciativa y conducir interacciones eficaces tanto con el adulto que se ocupa de ellos como con el medio material.

En estas condiciones nos dimos cuenta que el niño pequeño es capaz de muchas más cosas, no solamente en situación experimental, sino también en su vida cotidiana, de lo que uno había supuesto o visto hasta aquí en el marco de la educación tradicional. El recién nacido puede crisparse o distenderse al contacto de la mano del adulto; tiembla o se acurruca cuando se lo toma en los brazos. Así, él señala si el contacto le es o no agradable. Se lo puede tocar y tomarlo de tal manera que sus músculos no se crispen o que él no se resista, por ejemplo, cuando se le quieren limpiar los pliegues del cuello y de los miembros. Son necesarios sólo unos pocos días para comprobar, según la manera en que lo hemos tocado, si el bebé se crispa o por el contrario, se distiende, no solamente al tacto sino ni bien el adulto se le aproxima. De esta manera, desde el comienzo, se establece un contacto positivo o negativo entre el bebé y el adulto que se ocupa de él.

Se sabe que en la mamada, el bebé es activo desde el primer día. Más aún, el recién nacido indica netamente si aprecia o no la bebida y la comida que se le propone. Si le gusta, succiona activamente, aun con la cuchara; si no le gusta, deja caer todo, saca la lengua, rechazando lo que no quiere tragar. Por otro lado, también bastante antes de llorar, le hace saber al adulto qué elemento le resulta placentero: indica por sus movimientos más o menos tónicos, por la expresión de su rostro, de sus ojos, si está contento o no, ya se trate de la temperatura del baño o de la forma en que se lo viste. Toma tempranamente iniciativas: si se lo cuida siempre de la misma manera, permaneciendo muy atento a sus señales y respondiendo a ellas, no son necesarios sino algunos días para que él mismo relaje antes el miembro que va a ser lavado durante el baño; después de algunas semanas, si le hablamos, cierra la boca, luego nos dirige algunos sonidos, nos sonríe, y hasta responde a nuestra palabra. Busca atentamente, cada vez más, atraer la atención del adulto con sonidos, gestos. Entra en interacción con él y coopera cada vez más durante los cuidados. Más tarde ayuda extendiendo el brazo, la pierna, dándose vuelta sobre el vientre cuando se lo pedimos.

Así hemos comprobado que en el desarrollo de las relaciones entre el niño y el adulto puede realizarse un proceso, caracterizado por un comportamiento eficaz del niño referido a lo que va a sucederle y es sobre ello que hemos construido la base misma de nuestra práctica cotidiana. Tomando iniciativas, el niño es un compañero activo en la interacción: tiene un comportamiento competente.

El bebé, participando activamente en los cuidados, viviendo en un equilibrio emocional y afectivo satisfactorio, toma también iniciativas fuera de los cuidados, fuera de la presencia del adulto. En un ambiente adecuado es capaz de buscar el objeto que le interesa, de explorarlo solo, de jugar y manipularlo. El bebé criado en esas condiciones requiere menos la asistencia del adulto en muchos terrenos. Así el desarrollo de sus movimientos no se determina como una progresión a partir de la incapacidad y de la torpeza hacia la autonomía. En cada uno de los estadios de su desarrollo, el niño es capaz de moverse de manera autónoma, de tomar la iniciativa de nuevas posturas y nuevos movimientos, aprenderlos y ejercerlos sin tener para esto, necesidad de la ayuda del adulto. En cada una de las posiciones que él toma es movedizo y ágil. Puede abandonar esa posición y puede volver a ella. Es dándose vuelta él mismo sobre el vientre como llega a la posición ventral, en lugar de haber sido acostado sobre el vientre por el adulto. No aprende la posición sentado con la ayuda del adulto que lo sienta sosteniéndolo. Llega a la posición sentado por sí mismo, progresivamente, desde la posición ventral acodándose de costado y ubicándose en posición semisentado –ambas son posturas intermedias que ejerce largamente. Igualmente, para aprender a ponerse de pie, no es colocado ni sostenido por el adulto. Se pone en cuadrupedia, luego se arrodilla, se levanta por sí mismo sosteniéndose; luego llega a ponerse de pie libremente; poco tiempo después comienza a marchar (Pikler, 11). Entre tanto ejerce continuamente sus otros movimientos. En el curso de su desarrollo, las maneras de desplazarse, de alcanzar un juguete y de servirse de él, van evolucionando. Ensaya siempre nuevos medios para moverse y actuar durante toda su primera infancia. No es necesario que el adulto le muestre, le enseñe todo. Con un interés inagotable mira su mano, toma los objetos, los observa, los experimenta; cambia a menudo de posición y de lugar. A partir de su propia iniciativa va conociendo el mundo circundante (Tardos, 12). Y algo esencial es que haciéndolo, su alegría, su deseo de tomar iniciativas permanece constante.

Así hemos también comprobado y construido a partir de ello, el otro aspecto esencial de nuestra práctica cotidiana: el desarrollo de los movimientos y de la manipulación puede realizarse en un proceso caracterizado por un comportamiento competente.

Además de la actitud adecuada del adulto de la que hemos hablado, es necesario un ambiente material conveniente para que el niño pueda actuar solo con los objetos, es decir, que pueda comportarse hacia ellos de manera competente. Es preciso que estos juguetes estén a una distancia accesible para que él pueda alcanzarlos con sus manos, que puedan ser utilizados libremente por el niño, que no estén atados, suspendidos o fijados; que no sea inconveniente llevarlos a la boca, etc. Además, sólo si tiene bastante lugar para hacerlo, el bebé puede descubrir, ejercer sus posibilidades motrices correspondientes a su nivel de desarrollo, es decir, darse vuelta de costado, boca abajo, rodar, reptar, desplazarse luego en cuatro patas, etc.

Sin embargo, si se examinan los sistemas educativos corrientes desde ese punto de vista, se ve que hay muchas circunstancias que traban la actividad de los niños pequeños. Por ejemplo, en el terreno de los movimientos. El recién nacido que es acostado boca abajo, siguiendo una práctica difundida en nuestros días, no puede durante largas semanas, mover libremente ni sus brazos, ni sus piernas. Hacia la edad de 5 o 6 meses, haya estado de espaldas o sobre el vientre antes, cuando podría ensayar nuevos movimientos, no se le deja esta posibilidad: suponiendo que no se lo inmovilice colocándolo sentado, le falta a menudo espacio suficiente. En efecto, muchos niños pasan jornadas enteras en la cama o bien en corralitos redondos de un metro de diámetro –que es todavía más exiguo que una cama– o bien, en un caso un poco mejor, en un corral rectangular apenas mayor de un metro cuadrado. En estos corralitos no se puede rolar, reptar, ni desplazarse en cuadrupedia. Se fabrican sillas o asientos especiales, como el babysit; se ven todavía instrumentos en los cuales el niño es mantenido parado (youpala). En estos asientos el niño no puede cambiar de posición, no puede retomar un objeto que se le cayó de las manos. Y en el youpala puede todavía menos… Los juguetes que rodean al niño, tenga espacio o no, a menudo están mal adaptados a sus medios e intereses.

En numerosas ocasiones, la autonomía del niño, el sentimiento de competencia que él podría extraer de ella, es trabada por la manera en que el adulto cree favorecer su desarrollo. Sería interesante analizar la actitud que, bajo el pretexto de ayuda o de estimulación, priva al niño de la posibilidad de tomar por sí mismo sus iniciativas, de hacer ensayos y de finalizar él mismo una acción comenzada.

La menor ayuda para terminar lo que él ha comenzado priva al niño tanto de la alegría de una acción autónoma como del sentimiento de eficacia consigo mismo y con el objeto.

Los niños cuyo ritmo de desarrollo en ciertos aspectos es más lento que el promedio, están particularmente expuestos a este peligro, ya que se les hace ejercitar funciones en momentos en los que a ellos les falta ampliamente la maduración necesaria para éstas. Son colocados pasivos en posiciones que adquirirían ulteriormente, cada vez más evolucionadas, se exige de ellos rendimientos discordantes en relación con los que serían realmente capaces por sí mismos. Es a menudo de esta manera que se vuelve dependientes, inhábiles, torpes a niños sanos cuyo desarrollo es simplemente un poco más lento que el del promedio.

Sabemos hoy que es mejor comenzar la escuela un poco más tarde, antes que quedar a la rastra durante toda la escolaridad, “no saber” o “saber mal” lo que otros pueden aprender fácilmente. Es más ventajoso para cada uno realizar activamente sus propias posibilidades de una manera rica y variada, a su propio nivel de desarrollo, que estar siempre en retardo con relación a sí mismo. Y esto es tal vez todavía mucho más real en la protoinfancia.

Que los niños tengan tan pocas aptitudes para tomar iniciativas; que prefieran reproducir antes que inventar, imitar antes que realizar ideas individuales es una de las grandes preocupaciones actuales de los pedagogos que se ocupan de jóvenes y más aún para los teóricos. Ahora bien, los niños son educados en este sentido desde el nacimiento. Desde su infancia más temprana se sofocan sus iniciativas, se les hace perder las ganas de experimentar por sí mismos; se restringen a áreas estrechas sus posibilidades de tomar cualquier iniciativa, y si las toman, poder finalizarlas ellos mismos.

Debemos ser conscientes de la importancia que reviste la educación del lactante y del niño pequeño, de la influencia que esta educación tendrá sobre toda su vida. Por esto la educación, como todas las actividades humanas debe servirse de los resultados de la investigación científica. En este aspecto, la responsabilidad del médico está particularmente comprometida. En efecto, directa o indirectamente son las prescripciones y las opiniones del pediatra las que determinan las actitudes de la madre hacia el bebé. Actualmente, y cada vez más, el rol de los especialistas, psicólogos, puericultoras, auxiliares y asistentes sociales se hace también determinante. Es útil atraer la atención de los padres (o de los adultos que se ocupan) sobre las señales que parten de los niños y lo que puede hacerse en respuesta a esas señales. Es mejor no aprobar los hábitos antiguos pero desventajosos inclusive si éstos exigen menos cuidados o atención por parte de los padres. Se puede, por ejemplo, sensibilizarlos sobre la importancia que tiene para el niño, el hecho de ejercer autónomamente los movimientos. Se los puede orientar acerca de las actitudes y comportamientos, de tal manera que no vean en el niño sólo el objeto de su propia actividad, si no más bien un compañero bien activo. Debemos comprender que además de las tareas variadas de cuidados y de alimentación el desarrollo de la competencia del bebé es también un aspecto de gran importancia.

Si le fuera acordada la atención necesaria a la competencia del niño, podría producirse tal cambio en la educación de niños pequeños, que tal vez podría evitarse o por lo menos atenuarse la aparición de algunas alteraciones psíquicas y somáticas.Nuestra experiencia, durante más de 50 años, nos demostró que si se toman cuidadosamente en cuenta las señales, las iniciativas del bebé y, a través de ello, se refuerzan sus “pretensiones” de competencia, se educa un niño más calmo, que provoca menos problemas, que sabe mucho mejor qué le interesa, cuáles son sus necesidades de alimentación y sueño, que sabe jugar y ocuparse solo provechosamente.

Es activo y tiene más chances de mantener buenas relaciones con su madre y los adultos en general. Esto no significa únicamente un apego a la calidez del abrazo, sino sobre todo una relación humana más positiva fundada en una adaptación mutua. Sobre la base de tal relación la socialización del niño es un proceso sano y comporta menos conflictos. Su vida emocional y afectiva es más rica y equilibrada. En resumen. Yo quería demostrar que la competencia del niño pequeño es una aptitud que se expande al máximo de sus posibilidades tanto gracias a la atención y a las respuestas adecuadas que aportamos al niño, como a las condiciones del medio ambiente más favorables que le aseguramos.

Que la iniciativa provenga del niño, que la ejecución del acto sea autónomo, y que el mismo sea eficaz, son los elementos más importantes del comportamiento competente. El establecimiento activo de las relaciones con el adulto, el movimiento por propia iniciativa, la manipulación comenzada y continuada por sí mismo son, al mismo tiempo, consecuencias e instrumentos del desarrollo de su personalidad.

Celebración del Día del Niño

Para Asociaciones de la Sociedad Civil que trabajan con niños en situación de marginalidad

Pedí3Deseos es una empresa de animación de fiestas infantiles que busca recuperar el sentido profundo de cada celebración basándonos en la creatividad y los Valores Humanos.

Celebración del Día del Niño

Para Asociaciones de la Sociedad Civil que trabajan con niños en situación de marginalidad

Pedí3Deseos es una pequeña empresa de animación de fiestas infantiles que busca recuperar el sentido profundo de cada celebración basándonos en la creatividad y los Valores Humanos.

A través de Por los Chicos nos propusieron la animación del día del niño en un comedor de la ciudad de Buenos Aires, lo que nos da una gran alegría ya que uno de los ideales de Pedí3Deseos es colaborar con proyectos solidarios y donamos el 30% de nuestras ganancias a asociaciones de la sociedad civil que trabajan con niños en situación de pobreza.

Nuestra filosofía consiste en crear propuestas recreativas personalizadas, que respondan a las necesidades y a los intereses de cada familia o institución, recuperando la esencia de su propia historia. Para ello, idealmente, realizamos una entrevista previa y proponemos varias planificaciones para que puedan elegir la que más les gusta. Sin embargo, dado que había poco tiempo restante para la celebración, les propusimos el siguiente programa recreativo de antemano y quedamos a su entera disposición para incorporarle las modificaciones que creyeran necesarias. Lo que preparamos lo hicimos basados en la información que nos brindaron y lo que pudimos ver sobre el comedor en internet. La idea de compartir este material es que pensamos que puede ser de utilidad para otras asociaciones que trabajen con niños en situación de marginalidad a la hora de querer organizar una fiesta especial.

Fernanda Raiti

Coordinadora del programa Celebrar la Vida

de Pedí3Deseos, te los cumplimos.

Mi mundo, mi hogar

Vivenciando la unidad en la diversidad

Apertura

Comenzaremos los juegos convocando a todos los niños a formar en una ronda cantando una canción que dice:

“Hago una ronda redonda, redonda como la tierra,

Lorena le agrega “un amigo” y ese es su mejor abrigo” (vamos invitando a los chicos a agregarle palabras como a la canción y nosotras la completamos con una rima. Es una adaptación de la canción “Hago una ronda redonda como una pizza, Marcelo le agrega el queso y yo le tiro un beso, etc.). Sirve para romper el hielo de manera muy espontánea y divertida, para presentarnos diciéndonos los nombres y para generar un vínculo mediante el humor. Luego de cantar varias veces esta canción, presentamos un títere que es una rana que es una trotamundo, que ha ido de viaje por muchos lugares y justo hoy está acá para compartir con nosotros el día del niño. No tiene una casa fija, sino que su vida consiste en viajar y descubrir el mundo. (La idea es proponer un personaje que tenga algunos puntos en común con la realidad que ellos viven de no tener un hogar fijo y a la vez de poder resignificar esta situación desde la fantasía y la imaginación, con el juego como estrategia). La rana se llama María Marea Panzatibia Tespera.

-          ¡Qué nombre tan largo tenés ranita!

-          Sí, es largo, pero mucho más largo es el juego que me enseñó mi amigo de África que conocí cuando estuve allí.

-          ¿En África? ¿Y cómo es la gente que vive ahí?

-          Son diferentes y son iguales que nosotros… ¡les gusta mucho jugar!

Tiempo aproximado 15 minutos.

Juegos

El gato y el ratón:

Este es un juego tradicional africano, en el que uno de los niños es el gato y otro el ratón. El resto forman la ratonera en una ronda tomados de las manos. El gato trata de atrapar al ratón que se escapa con la ayuda de la ratonera que lo deja pasar libremente, mientras que tratan de impedir que el gato entre o salga cuando lo desea. Es un juego muy activo, para entrar en calor tanto a nivel físico (por el frío) como vincular. Finalmente, cuando el gato atrapa al ratón, deben decir algo bueno uno del otro acerca de cómo jugaron (como corriste rápido, fue buena tu jugada, te escapabas bien, etc) y unirse a la ronda para que otros dos niños pasen a jugar. Si no pueden hacerlo solos nosotras los ayudaremos, rescatando algo positivo de cada jugador en particular. Se vivencia la unión del grupo, se favorece la autoconfianza y la valoración de los aspectos positivos de los otros. Al terminar el juego la Rana comenta que fue muy lindo y divertido verlos jugar y que le hace acordar a una poesía que aprendió en África que dice:

Nuestro amor es como la llovizna que cae suavemente, pero desborda el río. (Proverbio africano).

La Ranita Maria Eva Panzatibia Tespera les puede preguntar si alguna vez vieron una lluvia muy suave caer y qué sucede cuando cae. Ella misma explica que el amor es así de suave pero que tiene la fuerza para llenar un gran río (en este primer juego lo explica ella, luego en otros juegos daremos la oportunidad de que con este ejemplo los chicos puedan decir sus ideas). Después cuenta que en sus viajes llegó tan, pero tan lejos que arribó a un lugar llamado China, una tierra de grandes inventores donde aprendió un juego con un dragón.

Tiempo aproximado 20 minutos

La cola del dragón

En semicírculo, los chicos se toman de los hombros y se designa al primero como la cabeza del dragón y al último como la cola. El juego consiste en correr tratando de atraparle la cola al dragón, alcanzando el primero de la fila al último sin que se desarme la fila en ningún momento. Cuando lo logran, todos tienen que festejar diciendo estas palabras en chino: pan iou con la mano en la cabeza (en cada ronda vamos agregando una consigna más, conservando la anterior: con la otra mano en el hombro de un compañero, saltando en un solo pie, etc). Se vuelve a formar el semicírculo y se juega de nuevo. Es un juego sumamente sencillo y divertido a la vez, que permite vivenciar la unidad en el grupo como un sentimiento de bienestar y alegría vinculado al valor de la amistad.

Como cierre la Ranita les cuenta que los chinos, aparte de decir “amigo” tienen muchísimas frases hermosas y que una de las que más le gustan a ella es:

Ser amable es ser invencible (Proverbio chino)

Y los invita a conocer el próximo juego que conoció viajando por el mundo, que son juegos inventados por los niños de América, de nuestro país y de los países vecinos que hablan español igual que nosotros.

Tiempo aproximado de juego 20  minutos.

Tres canciones para jugar a coordinar movimientos

Estas canciones tienen la intención de hacer una pausa en el juego, dar un descanso y compartir el canto grupal que genera un sentimiento de armonía y unidad. Aprender estas canciones también es valioso porque pueden seguir jugándolas luego con sus hermanos o pares, sin necesidad de un grupo grande.

Am dijo un día un sapito (hay que tratar de coordinar cerrar los ojos y abrir la boca y a la inversa según dice la canción). Es muy sencillo de aprender y muy divertido porque no es nada fácil la coordinación invertida).

Palo bonito (cantando la canción tradicional, le asignamos un movimiento de la mano a cada parte de la canción y hay que combinarlos todos cantándola lo más rápido posible).

Canción de los opuestos consiste en repetir lo que les cantamos pero con el opuesto, por ejemplo, si decimos blanco, blanco, blanco, deben responder negro, negro, negro. Se agregan una o dos opciones más como hola/chau y grande/chico y después se las mezclan todas para que sea un poco más desafiante.

Tiempo aproximado: 25 minutos.

Pausa

Después de esto tal vez se puede servir la merienda y a medida que van terminando de merendar, van volviendo a la siguiente propuesta, que es la de proponerles jugar a algo que ellos conozcan y que les guste.

Tiempo aproximado 20 minutos

Piedra Libre!

Proponemos jugar unas “escondidas especiales” e introducimos las reglas básicas del juego de las escondidas sardinas donde uno se esconde y todos los otros cuentan. A medida que lo van encontrando se van escondiendo junto con el escondido, hasta que se esconden todos. Hacemos hincapié en la palabra “piedra libre para mí” y hacemos un breve sketch cómico jugando con estas palabras.

Luego de comprender el concepto de “piedra libre”, ¡lo aplicamos al resto del festejo! Y nosotras mismas preguntamos: “¿Quién conoce un juego divertido y lo quiere jugar?”. Vamos guiándolos para que los juegos tomen forma, retomamos lo que aportan y les devolvemos las mismas ideas en formatos distintos para que haya sorpresas y novedad y llevamos también distintos tipos de juegos para que puedan elegir como un fútbol cooperativo en una cancha de tela, una tela para hacer volar una pelota, un túnel para pasar por adentro y aros para saltar, hacer una rayuela en el suelo, embocar botellas de agua rellenas de colores, etc. La idea consiste en recrear la situación de plaza, donde de pronto se pasa de las escondidas, a correr y atraparse, a la mancha, etc. También incluiríamos un juego de la calesita con un paracaídas. Finalmente María Marea Panzatibia Tespera les dirá que se divirtió muchísimo jugando con ellos y que es maravilloso ver lo bien que saben jugar. Haremos especial énfasis en las habilidades y capacidades observadas a nivel grupal por todos los chicos elogiándolos de manera cooperativa y no competitiva (sin que nadie se sienta dejado afuera) y los  felicitará por se tan excelentes jugando. Por eso, para festejar el día del niño, les compartimos estos juegos que pueden “guardar en sus bolsillos y en su memoria” y volver a sacarlos cada vez que tengan ganas de divertirse de nuevo.

“Todos nos vemos diferentes, hablamos diferente, tenemos distintos gustos y maneras de ser, pero a todos, todos, todos nos gusta jugar ¡y lo sabemos hacer muy bien!”.

Tiempo aproximado 30 minutos

Cierre

De este modo nos despedimos y ayudamos a repartir los regalos que leí que habría o para lo que sea necesario.

© Fernanda Raiti.  Coordinadora del programa Celebrar la Vida de Pedí3Deseos, te los cumplimos.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.